Arquitectura religiosa

Iglesia Matriz de El Salvador
Fundada alrededor de 1500, la parroquia matriz de El Salvador es fruto de varias reformas y ampliaciones que terminaron por conformar su actual planta basilical, de tres naves, separadas entre sí por arquería de medio punto, de fuste liso y arcos de medio punto, y cubiertas por techumbres de estilo mudéjar que le dan un aire arabesco. De sus tres fachadas, la principal, hacia el sur, elaborada en cantería gomera, se ordena a partir de sendos pedestales laterales sobre los que se apoyan dos pares de columnas de capitel corintio que, a su vez, sostienen un frontón triangular, de cuyos vértices parten pilastras de orden dórico coronadas a los lados por jarrones y, al centro, por la imagen en mármol de El Salvador del Mundo. Su remate curvilíneo se adentra ya en los postulados manieristas. En su interior, modificado en sucesivas reformas, merecen destacarse las decoraciones de las bóvedas de la cabecera, pintadas por Ubaldo Bordanova Moreno entre 1895 y 1897, y el retablo mayor, inspirado en el modelo de arco de triunfo de la portada renacentista, con lienzo central del sevillano Antonio María de Esquivel y mesa del altar y tabernáculo eucarístico. Los retablos de las capillas laterales, compuestos por Joaquín Martín de Justa, se inspiran en la misma portada y albergan, el del Evangelio, el conjunto semanasantista del Señor del Perdón y Lágrimas de San Pedro, y el de la Epístola, la Virgen del Carmen, todas ellas, esculturas de Fernando Estévez y Salas. En la nave, las otras dos capillas laterales contienen sendos retablos gemelos, diseñados por el nombrado Martín de Justa; el del Evangelio, lo preside la imagen adscrita al círculo de Martínez de Montañés de San Juan Bautista, y, el de la Epístola, el grupo del Calvario, compuesto por el Cristo de los Mulatos, importado de los Países Bajos, y La Dolorosa y San Juan Evangelista, candeleros salidos de talleres locales. Entre los elementos góticos del templo, sobresale la bóveda de la sacristía; entre los renacentistas, la pila bautismal; y, entre los barrocos, los dos retablos de las naves, el púlpito y el coro.

Plaza de España, nº3 


Iglesia de San Francisco
Terminada la conquista de La Palma, los frailes franciscanos que habían colaborado con Alonso Fernández de Lugo en el proceso de evangelización e incorporación de la isla a la Corona, se instalaron inicialmente cerca del barranco de Las Nieves. Poco después, en 1508, se fundó en este lugar un nuevo convento gracias a la donación que de los solares hicieron Martín Camacho y Magdalena Infanta. Sobre la portada principal, con remate mixtilíneo de gusto barroco, datado en el siglo xviii, se conserva aún el escudo real, alusivo al patronazgo de la Corona sobre el recinto. Asimismo, recientemente se ha recuperado el antiguo reloj de sol, obra del comerciante irlandés establecido en La Palma Teobaldo Macghee. Distribuido en su interior siguiendo el canon de planta de cruz latina, la capilla principal la adorna el antiguo retablo mayor de la ermita de San José, que contiene, en el nicho central del segundo cuerpo, la imagen flamenca de la Concepción de Nuestra Señora, titular del convento, donada por el acaudalado Jácome de Monteverde; el primer cuerpo lo ocupa la talla barroca de San Francisco de Asís, fundador de la orden. Tras la desamortización y después de varias reformas, el templo acabó convirtiéndose en un auténtico museo de escultura sacra, que abarca piezas datadas desde el siglo xvi hasta el xx y que cuenta con distintas procedencias y talleres: de origen mexicano es el Cristo de la Piedra Fría, y flamencas son el San Blas Obispo y la Santa Ana Triple; a distintas etapas del barroco sevillano se adscriben las de San Nicolás de Bari, San Juan Evangelista, San Juan Bautista, San José y el Niño y San Pedro, de la capilla fundada por la familia Massieu, así como la Santa Teresa, San Diego de Alcalá, San Antonio de Padua, San Carlos Borromeo y el Cristo de la Caída, todas fechadas en los siglos xvii y xviii; finalmente, a artistas canarios se deben las imágenes del Crucificado (Ezequiel de León) y las de candelero de La Concepción (Bernardo Manuel de Silva), Nuestra Señora de los Dolores (Domingo Carmona Cordero), San Juan Evangelista (Aurelio Carmona López) y Santa María Magdalena (Fernando Estévez y Salas).

Plaza de San Francisco, nº3 

 

Capilla de la Venerable Orden Tercera

Bajo la torre del campanario del convento y junto a la portería, los hermanos de la Orden Tercera Seglar Franciscana comenzaron a fabricar su propia capilla tras la fundación de la hermandad en 1633. Sin embargo, fue en 1737 cuando el recinto adquirió las dimensiones actuales a raíz de la reforma de ampliación practicada en él. El presbiterio está presidido por el retablo mayor, de tres calles y dos cuerpos, soportado por pilares almohadillados. Construido en 1734, algunos años después se encomendó su dorado y policromado y la pintura de los lienzos del segundo cuerpo al maestro Juan Manuel de Silva, natural de La Palma: El abrazo de Cristo y San Francisco en la calle central y Santa Isabel de Hungría y Santa Casilda en las laterales, tres iconografías fundamentales para la devoción de los terciarios. Preside el nicho central la imagen de Nuestra Señora de los Dolores del imaginero local Nicolás de las Casas Lorenzo, y, en los laterales, las tallas de San Francisco de Asís, de escuela montañesina, y de San Francisco Solano, misionero de la orden en América, conocido como «el taumaturgo del Nuevo Mundo».

Convento de San Francisco, plaza de San Francisco, n. 3

 


Iglesia de Santo Domingo
Con portada principal de cantería rojiza, coronada por el escudo de la Orden de Predicadores, arco de medio punto, alfiz y capiteles góticos que desarrollan un programa iconográfico sobre el triunfo de los dominicos sobre la herejía, la iglesia de Santo Domingo, junto con el camarín del Rosario, la capilla de la portería, la capilla capitular y la torre campanario son las únicas cinco piezas arquitectónicas que han quedado más o menos intactas de lo que en su día fue el Convento de San Miguel de las Victorias. Fundado en 1530 por la Orden de Predicadores, su interior reúne uno de los mayores tesoros artísticos de pintura, retablística y escultura de La Palma. A lo mejor del barroco pueden adscribirse el monumental retablo mayor, el retablo del Rosario, el púlpito, la techumbre de la sala capitular y las imágenes de San Francisco de Asís y San Miguel Arcángel. Al flamenco renacentista, las tablas que formaban el antiguo retablo de pincel, compuesto por varias piezas de Pierre Pourbus el Viejo, así como el lienzo de la Santa Cena de Ambrosius Francken, colgados en la nave. Al clasicismo canario, las imágenes del Nazareno, La Magna y la Virgen del Rosario, las tres debidas a Fernando Estévez. Al barroco americano, el lienzo de Nuestra Señora de Guadalupe y la imagen cubana de Santa Catalina de Siena. Y a los talleres locales, el lienzo de Virgen de la Merced con San Ramón Nonato y Santa María de Cervellón y las imágenes de Santo Tomás de Aquino y Santa Rita de Casia.

Plaza de Santo Domingo, n. 3 


Ermita de San Sebastián
En el denominado camino real de la Banda, que conducía desde Santa Cruz de La Palma hasta el puerto de Tazacorte atravesando la cumbre de este a oeste, se halla emplazada con anterioridad a 1535 la ermita dedicada a San Sebastián, protector contra la peste, al que se encomendaban los viajeros antes de entrar en la ciudad. La ermita da nombre al barrio, compuesto de una calle principal, con igual denominación, otras dos paralelas (Fernández Ferraz y Huertas), más otras transversales (Cabrera Pinto, Francisco Abreu, San Miguel, Drago, El Dornajo y Cajita Blanca). Preside la capilla principal el antiguo retablo mayor de estípites de la ermita de Santa Catalina de Alejandría, fabricado hacia 1778, en el que se conservan la imagen del mártir romano, importada de los Países Bajos, la Inmaculada Concepción, salida de talleres locales, San Francisco de Asís, de escuela montañesina, y, en el nicho superior, el relieve de la Imposición de la casulla a San Jerónimo, de Antonio de Orbarán, natural de Puebla de los Ángeles. De su decoración interior merece citarse el programa mural pintado en la techumbre y arco de la capilla mayor por Ubaldo Bordanova Moreno en 1899.

Calle San Sebastián, 12-a 


Ermita de San Telmo
Construida sobre el risco de La Luz, visible desde el puerto de Santa Cruz de La Palma, como una atalaya defensiva se erige la ermita consagrada al dominico San Pedro González Telmo y a Nuestra Señora de la Luz. Como protectoras de los marineros, ambas advocaciones han cumplido un papel esencial en la historia religiosa y devocional del barrio, ocupado en sus orígenes por marineros, pilotos de la carrera indiana, pescadores y armadores navales. Siguiendo el modelo de ermita palmera, cuenta con dos accesos: el lateral, hacia el sur, y la portada del coro, cuya fachada se fija a través de la puerta, resuelta con arco de cantería de medio punto, balcón de balaustres descubierto para tañer la campana y espadaña. Entre los elementos decorativos del exterior, conviene nombrar los distintos esgrafiados que simulan arquitecturas fingidas, anclas y otros elementos marineros. En su interior, destacan el retablo mayor, ejemplar del barroco palmero, de dos cuerpos y tres calles, con remate en forma de concha, y las singulares andas en forma de navío sobre las que procesiona el santo dominico en su fiesta.

Calle Virgen de la Luz, n. 38 


Ermita de Nuestra Señora de la Encarnación
Enclavada en lo alto del lomo norte del barranco de Las Nieves, la ermita de Nuestra Señora de la Encarnación es la primera construcción religiosa del bando este de la isla de La Palma. Terminada la conquista y establecidos los primeros colonos en el entorno de este barranco, se construyó un primitivo templo que funcionó entonces como improvisada parroquia, hasta que el centro de la ciudad se trasladó a la vera del barranco de Los Dolores. Entre los elementos arquitectónicos más antiguos conservados, merece citarse el arco toral gótico, elaborado en toba rojiza por Hernando Luján, que separa la capilla mayor de la nave del templo, con capiteles decorados a base de hojas de candinas; un murciélago tallado en el del lado del Evangelio avisa a los fieles de la necesidad de estar vigilantes ante las acechanzas del Demonio. Lo más notable de su patrimonio escultórico es el grupo flamenco de la Virgen de la Encarnación y el Arcángel San Gabriel, que preside el nicho principal del retablo mayor, fechados hacia 1522-1532, la imagen de San Lázaro, protector de los enfermos de lepra alojados en las Cuevas de Carías, el candelero de Santa Lucía, obra atribuible a Bernardo Manuel de Silva, que cuenta aún con su colección de exvotos de plata, el Crucificado clasicista del padre Manuel Díaz y, por su rareza, ya que es la única que existe en Canarias, la del franciscano mártir San Pedro Bautista, datada entre 1705-1712. Procedente del Convento de Santa Catalina de Siena es el órgano procesional, conservado bajo el coro, obra probablemente sevillana del primer tercio del siglo XVII.

Plaza de La Encarnación, s/n 
 

Real Santuario de Nuestra Señora de las Nieves
El Real Santuario de Nuestra Señora de las Nieves se funda con el traslado de la imagen de la Virgen desde la cueva del barranco donde fue colocada en la etapa evangelizadora de la isla por los primeros conquistadores. La imagen es de terracota policromada y fue esculpida por Lorenzo Mercadante de Bretaña, artista del norte europeo establecido en Sevilla entre 1454 y 1467. El santuario, convertido en el principal centro de culto mariano de La Palma, sigue el modelo constructivo de las ermitas palmeras: la capilla mayor es más alta que la nave a partir de las obras realizadas en 1876, que cambiaron el artesonado de su techumbre por una bóveda de medio cañón, decorada en 1894 con un programa sobre la Asunción de la Virgen ejecutado por el madrileño Ubaldo Bordanova Moreno; la capilla mayor y la nave están separadas por un arco toral, fabricado en 1740; la nave cuenta con púlpito ochavado y baptisterio desde 1672, tras la fundación parroquial; en el lado de la Epístola, hacia la plaza, presenta pórtico clasicista y la puerta principal, orientada hacia el sur, consta de balcón exterior comunicado con el coro, desde el que se tañen las campanas de la espadaña; en las esquinas este-sur, se aloja un reloj de sol de madera de tea, recientemente restaurado, datado entre 1733 y 1740. En su interior, el santuario conserva el original pavimentado costeado en 1703, compuesto de losetas de barro cocido y divisiones rectangulares con molduras de tea que marcan las antiguas fosas de enterramiento. La capilla mayor está presidida por un retablo de factura portuguesa, de tres nichos y remate semicircular, obra de Marcos Hernández y Bernardo Manuel de Silva. En el principal se halla la imagen titular, sobrevestida, enjoyada y coronada. El tesoro del santuario se compone, además, de varias imágenes flamencas (San Miguel Arcángel, Nuestra Señora de los Ángeles y el Calvario) y barrocas (Virgen del Buen Viaje, Niño Jesús del Baptisterio, San Antonio de Padua y San José), además de una amplia colección de pinturas: veras efigies de la Nuestra Señora de las Nieves, la serie de la Vida de la Virgen, la Inmaculada, San José y San Joaquín adscritos a Juan de Miranda o la serie de exvotos; la sacristía, el museo de arte sacro y el camarín conservan otras piezas que abarcan escultura, pintura, orfebrería, porcelanas y mármoles, joyería y textiles del ajuar eclesiástico y de la imagen.

Plaza de Las Nieves, s/n 

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